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martes 26 de diciembre de 2006

Un ciudadano entregó 70.000 euros y los policías salieron en Nochebuena



EL EPILOGO FELIZ DE UN CUENTO DE NAVIDAD
Un ciudadano entregó 70.000 euros y los policías salieron en Nochebuena

Los agentes Parrilla y Rivera quedaron en libertad tras presentarse un lector de EL MUNDO con el dinero en metálico que faltaba para completar la fianza

FERNANDO LAZARO

MADRID.- Se llama José María, es empresario de profesión, usa una muleta para poder caminar, es lector de EL MUNDO y vive cerca de la madrileña Universidad Pontificia Comillas. Nada más se sabe de este ciudadano anónimo que podría protagonizar la versión española del Cuento de Navidad de Dickens. Gracias a su aportación de 70.000 euros logró que Jesús Parrilla y Celestino Rivera -los dos policías encarcelados por el juez Del Olmo acusados de revelar secretos a EL MUNDO- pudieran pasar la Nochebuena en familia.

Lo que parecía imposible tan sólo unas horas antes se acabó transformando en un cuento de Navidad con todos sus ingredientes. El magistrado de la Audiencia Nacional había impuesto a cada uno de los agentes una fianza de 150.000 euros para abandonar la cárcel, en donde se encontraban desde hacía 24 días. Gracias a la aportación de 5.000 personas, la Confederación Española de Policía (CEP) habría logrado reunir, a fecha 23 de diciembre, 230.000 euros. Faltaban nada más y nada menos que 70.000 euros para permitir que Rivera y Parrilla pudieran cenar en Nochebuena en sus respectivos hogares. Parecía imposible, pero... apareció José María, que removió Roma con Santiago para que ese cuento de Navidad tuviera final feliz.

Lograr la salida de ambos agentes fue casi una misión imposible y a contrarreloj. Todo comenzó a las 20.00 horas del día 23, sábado. José María empezó a tirar del teléfono para ver cómo podía ayudar a Rivera y Parrilla. Primero llamó al 091, pidiendo que le facilitaran el número de la CEP. Tras numerosos intentos, logró contactar con la Comisaría de Vallecas, donde trabajaban los dos agentes encarcelados, y desde allí le facilitaron el número del sindicato policial, que ha estado trabajando incansablemente para reunir la fianza de 300.000 euros impuesta por Del Olmo.

La persona que atendió la llamada de José María en la CEP no daba crédito a lo que éste decía: «Estoy dispuesto a pagar lo que falte para que los policías pasen la Nochebuena con su familia», le oyó afirmar.

En la CEP le recordaron que lo recaudado hasta el momento ascendía a 230.000 euros, por lo que hacían falta otros 70.000 para la fianza. José María dijo que disponía de ese dinero y que, si no fuera bastante, buscaría el resto entre familiares y amigos para reunirlo.

Un nuevo inconveniente obstaculizaba el final feliz de este cuento de Navidad. La CEP tenía los 230.000 euros en el banco, pero necesitaba sacarlos. Las fechas no eran propicias para hallar una sucursal abierta el día siguiente, domingo 24, Nochebuena. El ánimo de los dirigentes de la CEP no decayó; es más, empujados por sus propias familias («no podéis consentir que estos hombres pasen la Nochebuena entre rejas»), redoblaron sus esfuerzos y tiraron de agenda, buscando a todo aquel que pudiera tener cualquier tipo de relación con miembros de Caja Madrid, la entidad en la que se había abierto la cuenta donde más de 5.000 personas habían realizado los ingresos para poder hacer frente a la fianza.

Lograron que la sucursal de Cajamadrid en el número 69 de la calle de Embajadores les abriera el domingo por la mañana. Allí se trasladaron los apoderados del banco, que extendieron un talón conformado por 230.000 euros. Con ese documento bancario, Ignacio y Lorenzo, dirigentes del sindicato CEP, se presentaron a las 14.00 horas del día 24 en la Audiencia Nacional para hacer frente al pago de la fianza. Previamente, José María les había entregado un maletín con los 70.000 euros restantes en efectivo, en billetes de 500 y 100. Los dirigentes de la CEP recuerdan que José María iba vestido de sport, con unos vaqueros más bien raídos, pero eso sí, al volante de un Mercedes deportivo

Ni Ignacio ni Lorenzo terminaban de convencerse de que era realidad lo que estaba pasando. Accedieron al despacho del juez Del Olmo en la Audiencia. El propio magistrado revisó minuciosamente toda la documentación aportada por los representantes legales de la CEP y por el abogado de los detenidos. Parecía no fiarse. Tras escudriñar hasta la última línea del último de los poderes, el juez dio por pagada la fianza y cursó el exhorto a la prisión para que pusiera en libertad a estos agentes.

Vítores de los presos

A las 16.30 horas de la tarde del día 24, Parrilla y Rivera abandonaban la cárcel de Alcalá Meco, en Madrid, entre aplausos y vítores de los internos, que se asomaron a las rejas de sus celdas para despedirles. Ambos habían estado en el módulo destinado a los funcionarios de las Fuerzas de Seguridad del Estado. «Me alegro», «Sois inocentes», «No teníais que estar aquí», se oyó gritar. Entre recuerdos para el ministro del Interior y el presidente del Gobierno y aplausos de los internos, Parrilla y Rivera abandonaron el centro penitenciario, inmersos en una gran emoción. En la puerta estaban esperándoles sus familiares. Los agentes se abrazaron con todos y cada uno sin contener la emoción. Agradecieron el gesto de solidaridad a los dirigentes de la CEP. «Sin vosotros no hubiéramos salido hoy», indicaron Parrilla y Rivera a Ignacio y Lorenzo, dirigentes del sindicato y auténticos artífices, junto con el anónimo José María, de este nuevo cuento de Navidad.

Parrilla y Rivera evitaron a los medios de comunicación y, tras reunirse con los representantes de la CEP, lograron regresar a sus casas con sus respectivas familias.

http://www.elmundo.es/diario/espana/2065285.html

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