El Rey elude dar al 'proceso de paz' el apoyo que sí le dio en el 98
El Rey elude dar al 'proceso de paz' el apoyo que sí le dio en el 98
MANUEL SANCHEZ
MADRID.- El Rey Juan Carlos apeló en su tradicional discurso de Nochebuena a la «unidad y la cohesión de las instituciones y las fuerzas democráticas», con el fin de «lograr juntos el objetivo irrenunciable de acabar con el terrorismo dentro del pleno respeto a nuestra Constitución».
Fue ésta la única y ambigua referencia al llamado proceso de paz que hizo el Monarca en toda su intervención, lo que contrasta vivamente con el discurso navideño de 1998.
Aquel año, en plena tregua de ETA y con el Gobierno del PP, sí habló abiertamente de lo que suponía el «cese de las actividades terroristas» y dio su respaldo al proceso. Incluso propuso afrontar la tregua con «diálogo, generosidad y justicia» para seguir avanzando en el camino de la paz.
Sin embargo, Don Juan Carlos, en la noche del pasado domingo, no dio apoyo alguno al actual proceso de paz. Ni siquiera mencionó el alto el fuego permanente decretado por ETA el pasado 22 de marzo, o el hecho de que 2006 hubiera sido un nuevo año -y van más de tres- sin víctimas mortales por atentados perpetrados por la organización terrorista.
Aparte del citado llamamiento a la unidad de los partidos frente al terrorismo, el Monarca se limitó a recordar que la Constitución «ofrece un marco amplio y generoso que asegura la convivencia en libertad de todos los españoles, el pleno ejercicio de nuestros derechos y la pacífica defensa de cualquier opción política».
Y añadió: «Por ello, en democracia, la única respuesta a la extorsión, la coacción y la violencia es la que resulta de la primacía de la Ley y del Estado de Derecho».
Las escuetas referencias del jefe del Estado al proceso de paz provocaron ayer la indignación de alguno de los socios habituales del Gobierno -especialmente, Izquierda Unida- y, paradójicamente, el Partido Popular se apresuró a asumir las palabras del Monarca desde la primera a la última.
El PSOE estuvo tibio en la reacción y, sin bien mostró su conformidad plena con el discurso que hizo del Rey, prefirió centrarse más en el llamamiento hecho al «sosiego» político.
Desde el Ejecutivo no se hizo ninguna valoración pública, como es habitual, aunque fuentes cercanas a La Moncloa manifestaron a EL MUNDO su conformidad con la totalidad del discurso del Rey.
Además, dichas fuentes reseñaron que no se dan las mismas circunstancias que en 1998, donde sí había un consenso total de los partidos políticos en cómo afrontar la tregua etarra, lo que podría facilitar otro tipo de discurso.
Lo cierto es que la mínima referencia del Monarca a este asunto, que lleva todo el año siendo el principal foco informativo en todos los medios de comunicación, fue la gran sorpresa del discurso navideño, ya que en muchos círculos políticos se esperaba, precisamente, todo lo contrario.
El Rey, además, citó estos otros asuntos en su intervención:
Las víctimas.
El Monarca no olvidó en su discurso a las víctimas del terrorismo, lo que ayer agradecieron varias asociaciones. En concreto, el Rey dijo: «De la profunda crueldad del terrorismo dan testimonio la muerte y el sufrimiento de tantas víctimas, así como el dolor de sus familias, a quienes debemos nuestro respeto, afecto, apoyo y solidaridad».
Sosiego político.
Fue el llamamiento a la clase política más aplaudido por el PSOE. El Rey dijo a este respecto: «Las claves de nuestra modernización han sido la reconciliación, la concordia, la generosidad y la común voluntad de construir una España democrática, moderna, unida y respetuosa de su rica diversidad, en torno a una Constitución de todos y para todos, producto del más amplio consenso entre españoles. Una voluntad de consenso que ha sido el fundamento de nuestros principales logros. De ahí, una vez más», prosiguió Don Juan Carlos, «mi apelación a las instituciones y a los partidos del arco constitucional para que contribuyan, mediante el más amplio consenso y el apoyo del conjunto de la sociedad, a asegurar la mejor solución a las principales preocupaciones de los ciudadanos, siempre en el marco de nuestra Constitución».
Y añadió: «Es hora de redoblar esfuerzos en esa dirección, desde el respeto mutuo, con un diálogo sincero y responsable. Esto es lo que la gran mayoría de los ciudadanos espera de sus instituciones y legítimos representantes. No se trata de renunciar a nuestras propias convicciones, sino de concentrarnos en todo aquello que nos une para buscar el acuerdo en lo esencial, siempre al servicio de un futuro cada vez mejor para España. Soseguemos la vida política y trabajemos con espíritu integrador», afirmó con rotundidad.
Crecimiento y bienestar.
En la parte más social de su discurso, Don Juan Carlos destacó la buena situación económica por la que atraviesa el país: «Gracias a la dedicación y al empeño de todos, España sigue creciendo de forma sostenida por encima de la media europea, mejorando servicios, prestaciones sociales e infraestructuras».
«Pero nuestro afán de bienestar no debe concentrarse sólo en los aspectos materiales, ni limitarse al tiempo presente. Ha de ser una ambición permanente, que nos permita crecer en valores individuales y colectivos para construir un futuro siempre más próspero, justo y solidario. Se trata de aportar mayores esfuerzos para seguir extendiendo al conjunto de los ciudadanos los beneficios de nuestro progreso. Más y mejor empleo, protección social, cobertura sanitaria o acceso a la vivienda son legítimas preocupaciones y aspiraciones de los españoles», señaló el Rey.
Inmigración.
Como viene ocurriendo en los últimos años, el Rey también hizo mención a los inmigrantes. En su opinión, «nuestros éxitos económicos y sociales explican los flujos migratorios de tantos hombres y mujeres que se han instalado en España y contribuyen con su valioso esfuerzo a nuestro crecimiento. Un esfuerzo que merece reconocimiento y gratitud. Tenemos que actuar con rigor y solidaridad para detener el doloroso drama de muerte y explotación que implica el tráfico de seres humanos y la inmigración ilegal», dijo el Monarca.
Incendios y urbanismo.
El Rey hizo también una referencia a las tragedias naturales y al desarrollo sostenible, y afirmó que «requiere la más eficaz cooperación para proteger con mayor ahínco nuestros paisajes, bosques y costas, de brutales incendios y otras calamidades, asegurando que el desarrollo industrial y urbanístico responda al interés general».
Militares y cooperantes.
Finalmente, el Monarca no olvidó la labor de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad, así como de los cooperantes españoles que trabajan por todo el mundo.
Sobre los primeros agradeció «el esfuerzo y sacrificio que, a favor del mantenimiento de la paz y de la protección de los Derechos Humanos están realizando en misiones como en los Balcanes, el Líbano o Afganistán».
En cuanto a los segundos, destacó que «la cooperación al desarrollo representa una parte esencial de nuestra acción exterior, a la que dedicamos crecientes recursos. Merece nuestro reconocimiento el encomiable esfuerzo de solidaridad de tantos cooperantes españoles que, en todo el mundo, dan lo mejor de sí mismos por los demás», afirmó.




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